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Jairismart

Hombre de pueblo convertido en héroe.

Hombre de pueblo convertido en héroe.

Por: Elizabeth Silva Rodríguez.

Quien podía imaginar que aquel niño jovial, de sonrisa franca, natural generosidad y muestras de honradez sin límites llegara a escribir páginas de gloria.

San Alejandro sabía de su vocación artística, de sus aptitudes en la pintura y la escultura, desde donde comenzó a esculpir sus primeros sueños libertarios.

Joven que conoció los rigores y privaciones de la vida, de la necesidad del trabajo para ayudar a los suyos, de luchas estudiantiles y represiones de gobiernos.

Su espíritu rebelde lo impulsó a utilizar inteligencia y energías en la causa de los oprimidos, a combatir las injusticias.

Conoció el exilio y desde allí colabora para ver a Cuba libre.

El Granma lo acogió como uno de sus expedicionarios, poner proa a Cuba y acabar con la sangrienta dictadura de Batista era el objetivo supremo.

Aquel joven alegre en los momentos más difíciles, resultó ser un guerrillero completo, un hombre de cien batallas como diría el Che. Así lo recibe la Sierra Maestra, protectora natural de este joven de total desprendimiento y amor a una causa por la que arriesgó su vida y en la que siempre creyó.

Alegría de Pío fue su bautismo de fuego.

Los combates de Bueycito, Pino del Agua y Hombrito dieron cuenta de su valentía y arrojo y contribuyeron a su formación como Señor de la Vanguardia.

La Columna Dos Antonio Maceo supo de su sabia dirección.

Desde la Sierra Maestra partió hasta el occidente de Cuba junto a la Columna 8 Ciro Redondo al mando del Che, para extender las acciones militares que comenzaron en la zona oriental del país.

Yaguajay lo acogió como su Héroe, como el hombre que era, de estirpe de acero y gloria infinita.

En cada momento demostraba arrojo, valentía, disciplina, con la alegría y seriedad que lo caracterizaba.

Nadie como él sabía combinar la jovialidad y la mesura, cualidad que todos respetaban y admiraban.

Su lealtad por Fidel era ilimitada, ¡contra él ni en la pelota¡, decía y cumplía.

Joven en el que se podía confiar incondicionalmente.

Nadie podía imaginar que lo dejaríamos de ver al partir a la que sería su última misión, arrestar a un traidor, Hubert Matos.

El avión en que viajaba desde Camagüey a La Habana despareció de forma trágica.

El mar guardó en su seno a uno de los más grandes y decididos combatientes de nuestra patria para jamás dejarlo ir, para desde esa inmensidad contemplar la obra de un hombre de pueblo convertido en héroe.

 

 

 

 

 

 

 

 

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